Educar en la calle: Una obra de arte
El texto que sigue es una reproducción del texto original aparecido en el Boletín No. 34 del CISOL. Si está interesado en el trabajo que lleva éste organismo, usted puede subscribirse escribiendo a: eboletin@cisol.org
Realizar un voluntariado como Educador de la calle es hacer una obra de arte escribe Will Hartman.
En un inicio, al mirar el lienzo en blanco, al percibir la necesidad de entender a los jóvenes trabajadores y de plantear un projecto beneficioso puede ser desalentador. Pero a medida que se realiza la observación de campo y cuando llegan las primeras interacciones, se aprende más sobre el contexto de cada niño y niña del sitio elegido, y poco a poco, desde este segundo plano, se toma la inspiración y motivación para empezar a crear de una manera diferente, como individuo educador.
El trabajo es agotador, pero el lento proceso de ver cómo los chicos aprenden a confiar más en sus fortalezas y desarrollan nuevas habilidades, brinda la resistencia necesaria para enfrentar al cansancio que deja un trabajo agotador pero al mismo tiempo profundamente gratificante.
De repente llegan las últimas semanas cuando se pone en la obra los últimos detalles, se da un paso hacia atrás para apreciar en perspectiva y maravillarse por la vouluntad con la que los chicos colaboraron y confiaron en tu proyecto; para sentir amor por la belleza escondida y sobreviviente, a pasar de historias lúgubres; y humildad al darte cuenta de que a pesar que ofreciste un ambiente de apoyo fueron ellas y ellos quienes hicieron el trabajo de crecer al colaborar, arriesgarse, reir y aprender.
Aquí dejo mi trabajo con los lustradores del terminal terrestre con la esperanza que la resiliencia descubierta y alimentada durante mi voluntariado encuentre nuevos ambientes fértiles, hasta el día en que aquellos vean lo que veo yo: unas obras maestras de la humanidad.
- Loja, Ecuador, Catamayo | A las: 7:38 pm|No hay lojanos»










