Paltense deja profundo vacío en la educación ecuatoriana
En Loja no es desconocido ni el nombre ni la persona. Y tanto es concosido como en el Ecuador y su tierra natal Catacocha. José Antonio Guamán Guajala estaba vinculado con la educación y con la dirección de la UNE y el Frente Popular pero mas que nada era un profesor y un un periodista. No sabemos qué amaba más si lo uno o lo otro, pero en las dos se desenvolvía muy bien.
Su mirada firme y su estatura de hombre grande (pues Pepe no era alto como lo saben) y esos lentes que siempre le acompaniaban le dieron siempre autoridad, ya para cuando se iniciaba como profesor en una las parroquias rurales del cantón Paltas (Higinda) como para arengar a su gente cuando era dirigente de las huestes del que siempre sería su movimiento político, el MPD. ‘Pepe’ Guamán tendría que morir en su propia tierra, pues la Y de Olmedo, hoy perteneciente a ese pujante cantón, fue antes parte del cantón Paltas.
Mientras él descansa la paz eterna su esposa e hijos esperan por su retorno celestial. Un paltense ha muerto y es deber de los paltenses, como buenos ciudadanos rendirle pleitesía a quien fue un ícono de su tierra y de su gente, de su vida profesional y de su carrera, de los hombres y de las mujeres. José Guamán será ejemplo que los lojanos y paltenses deberán llevar por siempre.
Un bonito homenaje ha escrito su amigo y coterráneo, el historiador Galo Ramón que haciendo gala de sus dotes, escribe un Adios a su amigo del alma. Lectura obligada si usted quiere saber post-mortem quien era José Guamán, nosotros solo reproduciremos lo pertinente:
“Un mito paltense cuenta que un domingo 7, un hombre bueno que vivía junto al cerro Guanchuro fue sorprendido por una gavilla de asaltantes del camino. Al morir el hombre bueno se convirtió en un inmenso peñasco, desde donde comenzó a manar un manantial cristalino que desde ese momento alimenta a la laguna de “Agua Bendita”, de cuyas vertientes beben los campesinos de San José y Ningomine. Dicen que cuando el viento se aquieta, todavía es posible sentir junto al peñasco su sabiduría sabia, que como un intenso aroma de café de altura recién molido, inspira fuerza, paz, conocimiento y renueva las ganas de seguir luchando por su tierra.
Ese mito, que lo comentamos José Antonio varias veces en la escuela cuando niños, hoy se repite contigo…”







